Cuenta y presos políticos-Gonzalo Cordero

Cuenta y presos políticos-Gonzalo Cordero

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El Presidente Piñera cumplió el rito republicano de rendir cuenta al país, una sana tradición que simboliza el ejercicio de la soberanía subordinada al interés general y sometida a la evaluación institucional -no por las redes sociales- de los ciudadanos. Aunque se ha modernizado en la forma, pues es más breve e intercala láminas e imágenes, así como cuenta con un telepromter, todavía sigue cargando con una intensidad que divide a partidarios y adversarios de una forma maniquea.

La transformación de la sociedad tradicional en una de masas, principalmente provocada por la irrupción de internet, ha provocado un cambio de énfasis que, desde una cuenta de lo realizado, cambió hacia ser una verdadera lista de promesas. Todos los gobiernos, cual más cual menos, han caído en esto; la frase bíblica referida al “que esté libre de pecado…” se aplica a la perfección, pues nadie podría lanzar piedras y, la verdad, los partidarios de Bachelet menos que nadie.

Vivimos un momento especial, a la crisis de gobernabilidad provocada por la violencia de octubre pasado, se suma la económica derivada de la pandemia. Según las encuestas, parece que la mayoría de los chilenos quiere una nueva Constitución; también quieren trabajos dignos, con buenas remuneraciones para volver a progresar; y a buena parte de los dirigentes políticos de oposición se les ve extasiados en el nirvana de un Estado que se proyecta distribuyendo subsidios, pensiones, salud, educación, servicios variados y todo ello “como debe ser”: ¡gratis!

La distancia entre la realidad posible y las expectativas es tal que no se requiere ser alarmista para anticipar una crisis mayor, en la medida que sigamos por esta senda. Por eso, hizo bien el Presidente al denunciar el populismo y al convocar a un diálogo guiado por un espíritu de acuerdo, enmarcado en el contexto institucional, que es el único que puede encauzar tanto las aspiraciones ciudadanas como la creciente polarización.

Casi tan importante como la cuenta fue la afirmación del ministro del Interior en el sentido de que en Chile no hay presos políticos, sino personas condenadas por los tribunales de justicia. Esto, que sería obvio en cualquier país desarrollado, es cuestionado por la extrema izquierda, que hace un daño enorme a la institucionalidad democrática. Aunque parezca algo alejado del mensaje, en realidad Víctor Pérez sintoniza plenamente con él, pues así inaugura su gestión señalando que solo dentro del marco institucional es posible tener un diálogo constructivo.

Podríamos decir que tuvimos una buena cuenta y que tenemos un ministro del Interior con una clara voluntad de entregar seguridad y sin complejos para defender el estado de derecho. No es poco en los tiempos que vivimos. (La Tercera)

Gonzalo Cordero

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