Como esperando abril

Como esperando abril

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La inscripción de candidaturas y pactos electorales vino a confirmar una constante histórica: en tiempos de revuelta e incertidumbre, la derecha se congrega y la centroizquierda se atomiza; es decir, quienes miran a Chile desde la lógica del vaso medio lleno tienden a converger, y quienes lo ven como un vaso medio vacío apuestan inexplicablemente por el fraccionamiento. Una pulsión insondable hace que el miedo reúna y la esperanza divida.

Las elecciones del próximo 11 de abril serán entonces un faro del país que comienza a delinearse y de las tendencias que pugnan en él. Entre otras cosas, sus resultados ayudarán a despejar algunas de las principales interrogantes instaladas luego del 18 de octubre. Entre ellas, la más obvia y relevante: ¿la situación dramáticamente excepcional vivida desde ese momento en Chile modificó algo, poco o mucho los parámetros electorales preexistentes? Ahora sabremos si este tiempo de furia y a la vez de confinamiento trastocó o no el peso relativo que las distintas fuerzas políticas mostraban en los años recientes.

Del mismo modo, se podrá verificar si el nuevo sistema electoral efectivamente premia y sobrerrepresenta a aquellas fuerzas que tienen la capacidad de coincidir en un solo pacto, y si castiga a quienes apuestan por la segregación; incluso será observable el margen preciso de sobrerrepresentación que en este caso la unidad de la derecha aporta. Asimismo, los resultados de abril confirmarán si la apuesta de las candidaturas independientes logró ser competitiva frente al peso histórico de los partidos, o si, en cambio, con todo el lastre de desprecio que llevan a cuestas, ellos siguen siendo todavía el principal canalizador de fuerza electoral.

De alguna manera, el quiebre opositor -la consolidación de la línea divisoria entre rupturistas y moderados- también será medido en sus efectos y alcances políticos. Cuál es el precio de haber apostado a la polarización y de haber tenido complicidad con la violencia, o cuáles fueron y dónde están los dividendos políticos obtenidos por ello. Al final del día, la disputa por la hegemonía opositora tendrá aquí su primer desenlace, un hito que será clave en la configuración del escenario político de corto y mediano plazo.

En síntesis, en un solo evento electoral no solo se escogerá alcaldes y concejales, constituyentes y gobernadores regionales; también observaremos el peso del estallido social y de la pandemia en las tendencias políticas precedentes; cuál será para algunos el premio por competir unidos y para otros el castigo de ir separados; qué capacidad tendrán los independientes para disputar y arrebatar espacios a los partidos, y, por último, qué sectores de oposición ganan o pierden posiciones en la disputa por imponer la hegemonía sobre los demás.

Todos, aspectos centrales del actual ciclo político, elementos que con más o menos visibilidad, ya están dejando una huella en el Chile de los próximos años. (La Tercera)

Max Colodro

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