Claridad en la derecha

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Por fin comienza a producirse la transparencia total en la centroderecha chilena.

Desde hace casi tres años -noviembre de 2013- hemos insistido en la necesidad de que haya tres alternativas bien definidas: una conservadora, una socialcristiana y una liberal.

La valiente renuncia de José Antonio Kast a la UDI y la consiguiente salida de Manuel José Ossandón de RN han comenzado a cristalizar esa aspiración. Kast, simplemente, no era la UDI de hoy y Ossandón, decididamente, no era la RN del futuro.

A los dos parlamentarios se les abre ahora una enorme posibilidad.

Para Kast, el desafío consiste en mostrar con ejemplos muy prácticos el valor que tiene la subsidiariedad como modo de articular las libertades y las responsabilidades. Si lo logra, buena parte de la militancia y del electorado de la UDI lo apoyará, quizás en silencio. Un significativo elenco de líderes sociales -de aquellos que trabajan para sus pares, no para una ideología- se le sumarán y, además, lo acompañará el voto de todos los chilenos con experiencia del pasado, de esos que recuerdan bien quiénes destruyeron la democracia en Chile entre 1964 y 1973 y cómo se ha maltratado a los que la restauraron.

A Ossandón se le abre la posibilidad de enfatizar la solidaridad, rasgo tan propio del socialcristianismo. No son muchos los dirigentes de RN que sintonizarán con esa vertiente, pero sí debiera lograr mover a tres segmentos muy significativos ajenos a su ex partido: jóvenes universitarios experimentados en el trabajo social, amplias bases de la DC cansadas de las claudicaciones partidistas, e intelectuales emergentes, hoy alojados en Chile Vamos, pero que quizás reconocerán su error inicial y decidirán sumar sus propuestas a una opción con la que evidentemente sintonizan mejor.

Para ambos candidatos presidenciales hay, eso sí, dos imperativos irrenunciables: no atacarse entre sí y liderar la construcción de listas de candidatos a alcaldes, concejales, diputados y senadores que puedan configurar los respectivos partidos desde el 2017 en adelante. El que haga mejor ese doble trabajo -respetar al otro y construir lo propio- logrará concitar una adhesión más amplia y duradera. Si es evidente que Ossandón tiene hoy una ventaja en el voto popular, no cabe duda de que a Kast lo respaldan mejor su trabajo previo de dos candidaturas a la presidencia de la UDI y su carácter más plácido.

¿Y del tercer polo, el liberal, qué decir?

Ante todo, que no se atreve aún a configurarse como tal. Andrés Velasco y Sebastián Piñera van a disputar ese segmento de la votación de la centroderecha, con la evidente ventaja del primero, por su posibilidad de captar votación liberal de centroizquierda.

Si para Kast y Ossandón el desafío de mediano plazo es construir partidos, para Velasco y Piñera la tarea es alinear tras sus banderas a los referentes que hoy respaldan al liberalismo. En esa misión, Velasco también lleva la delantera, porque es mucho más evidente que Ciudadanos y Amplitud han hecho la opción liberal, mientras que la falta de definición en RN (¿Allamand o Chahuán?) y en la UDI (¿Lavín jr. o Squella?) dificulta la tarea de Piñera. En todo militante de RN y de la UDI están muy presentes las salidas de Ossandón y Kast, o sea, las opciones socialcristiana y conservadora, lo que termina complicando a Piñera. A Velasco nada de eso lo afecta.

¿Y Evópoli? Finalmente se irá donde más cómodo se sienta: no hay nada cerrado para ellos.

Las tres ofertas van así, por fin, sincerándose, aunque la opción liberal es la más atrasada. No cabe duda de que el riesgo de dispersión de votos es muy grande. Pero peor es esa otra corruptela que hace 15 años infestó a la derecha: su indefinición, su mescolanza.

 

El Mercurio/Emol

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