Cartografía para la derecha

Cartografía para la derecha

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Sudamérica ha ingresado en un periodo de dominio de gobiernos de izquierda. La victoria de Gabriel Boric reafirma la tendencia (el retorno al poder del MAS en Bolivia y del peronismo en Argentina a fines del 2020 y el triunfo de una izquierda populista en Perú con Castillo el 2021). Además, sirve de aliciente para las candidaturas favoritas de Gustavo Petro en Colombia y de Lula en Brasil, que podrían concretarse en el actual almanaque. De ser así, la derecha subcontinental terminaría refugiada en tan solo tres gobiernos (Uruguay, Paraguay y Ecuador). Así, el panorama luce adverso para los aspirantes al poder de este espectro político. ¿Cuáles han sido los errores de la derecha y cómo pueden recuperar terreno en medio de este señorío izquierdista?

A la derecha que se construyó basada en la defensa de la economía de mercado, se le agotó el modelo. Por más que las cifras de estabilidad macroeconómica acompañaron cierto optimismo, los altos niveles de desigualdad nunca pudieron ser reducidos convincentemente. Esa derecha tecnocrática fue perdiendo legitimidad cuando cada intento de reforma (tributaria) era respondido con protestas. Los estallidos en Chile, Colombia y Ecuador fueron el resultado de un descontento acumulado respecto a la redistribución. La relación de sus líderes político-empresariales con presuntos conflictos de intereses e investigaciones de corrupción (Piñera, Kuczynski, Lasso) convirtió rápidamente a las respectivas épicas electorales en victorias pírricas, y a ellos en patos rengos por naturaleza, sin soporte partidario ni herederos políticos a la vista. La utopía del fin de la historia acabó prematuramente.

Así se visibilizó más nítidamente a una derecha valórica, que buscaba sintonizar una respuesta conservadora a la ola progresista (feminista, de minorías activas) con retro-utopías del tipo “todo tiempo pasado fue mejor”. Pero lo que puede funcionar para los nacionalismos europeos (nativismo, anti-inmigración); en América Latina, no. Los retornos al pasado terminaron asociándose con legados autoritarios difíciles de sostener. La región ha rechazado “revivals” de pinochetismo o fujimorismo. En los países donde triunfó el discurso mano dura (Colombia y Brasil), el desgaste fue tal que hoy se ven lejos las opciones reeleccionistas del uribismo y bolsonarismo. Así, la derecha conservadora de José Antonio Kast o de Rafael López-Aliaga terminaron asociados con los legados autoritarios dominantes en sus sectores políticos. La etiqueta de “fascistoides” encontraba pegamento.

El retorno de las derechas al poder depende en gran medida del pragmatismo de los electorados. Si este turno de izquierdas al mando de los ejecutivos sudamericanos no supera las expectativas (en contextos de crisis pandémica económica y sanitaria), la derecha tiene la oportunidad de proyectar, en comparación, mayor eficacia en la gestión pública (la derrota del peronismo en las elecciones legislativas es un antecedente). En el contexto sudamericano actual difícilmente la derecha puede imponerse en la narrativa identitaria. Así que tendrá que apelar a ser al mal menor tecnocrático o insistir en el eje “law and order”. Menos identidad; más voto económico. (La Tercera)

Carlos Meléndez

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