Cannabis: Aprender de los errores ajenos- Manuel José Irarrázaval

Cannabis: Aprender de los errores ajenos- Manuel José Irarrázaval

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Mientras en el país se debate sobre el uso recreacional y medicinal de la cannabis, en el mundo, investigadores de distintos países generan evidencia sobre el daño que produce no solo su ingesta, sino decisiones políticas que no consideran los antecedentes científicos cuando están disponibles.

La evidencia, hecha pública por las principales sociedades científicas, es categórica: no se demuestran beneficios terapéuticos y sí se registran efectos deletéreos (www.epistemonikos.org), especialmente en el desarrollo intelectual cuando se inicia en la etapa de maduración del cerebro. Adicionalmente, aparecen alarmantes datos respecto de la depresión y suicidio entre estudiantes.

Cabe preguntarse, ¿cuál es el efecto real de la implementación de este tipo de medidas?, como las que promueven algunos parlamentarios que patrocinan el proyecto de ley que actualmente se encuentra en discusión en el Senado.

Estados Unidos nos ofrece una demostración experimental de sus consecuencias: en 2012, los estados de Colorado y Washington legalizaron el uso y comercialización de marihuana. Al respecto, hay múltiples publicaciones, una de las más serias (www.learnaboutsam.org) revela que entre 2012 y 2017 los efectos deletéreos documentados son los siguientes:

-El uso de marihuana en ambos estados sube a 19% y 12%, respectivamente, mientras en el resto del país se mantiene en 5,6%. Lo preocupante es que en adolescentes la prevalencia crece a 9%, en tanto que en el resto del país baja a 2%.

-Las denuncias por tráfico ilegal de drogas aumentan de 2,7% a 7,5%. En la práctica, se ha transformado en un espléndido negocio para los narcotraficantes que la “exportan” a otros estados.

-Los problemas laborales, como disciplinarios, accidentes de trabajo y ausentismo, se duplican, pasando de 7,4% a 15%. Este efecto es significativamente más marcado en los grupos sociales más vulnerables.

-Los accidentes de tránsito de conductores bajo el uso de drogas y con consecuencias fatales aumentan de 12% a 22%.

-Los ingresos a los servicios de urgencia producto de intoxicaciones y hospitalizaciones se incrementan en alrededor del 70% desde que se implementó la legalización. -En Colorado, las muertes anuales por opioides se quintuplican, pasando de 110 a 536 en 2017.

-Ese mismo año, en Estados Unidos se produjeron 72.000 muertes por intoxicación por drogas, más que por accidentes de tránsito, VIH o armas de fuego.

-Los suicidios con consumo de droga confirmada se incrementan de 3,3% a 6,7%, y entre adolescentes la escala aumenta de 13,6% a 19,2%.

-Las denuncias por violencia en el ámbito escolar y delitos en general (como prostitución, robos y extorsión) también suben significativamente. Aquellos en los que hay daño a la infraestructura aumentan desde el 17% al 23%.

Todo esto no solo es consecuencia de los efectos farmacológicos de estas drogas, sino que está muy determinado por la mayor disponibilidad de ellas al legalizarse: consecuencia de subestimar su poder de daño.

Cabe preguntarse entonces: ¿Nuestros “líderes de opinión” y parlamentarios piensan que los chilenos tendremos mecanismos defensivos mejores que los norteamericanos? ¿Estos efectos perniciosos justifican legalizarlas o son reacios a aprender de esta desgracia ajena? (El Mercurio)

Manuel José Irarrázaval

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