Cambio en la Cancillería-Hernán Felipe Errázuriz

Cambio en la Cancillería-Hernán Felipe Errázuriz

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Importantes desafíos esperan al ministro Allamand desde la Cancillería. Es un político de gran experiencia, conocedor del ámbito internacional, influyente, de reconocida personalidad. Asume un ministerio que, a diferencia de otros, cuenta con un estatuto moderno, desde fines del gobierno anterior, para ejecutar políticas de Estado, apoyadas transversalmente.

La implementación de la nueva orgánica, prioridad de su predecesor, es un trabajo continuo, para asumir la coordinación de la acción exterior y para la incorporación de tecnologías. Subsisten procesos añosos y centralizados. La aplicación de una Convención Internacional, pendiente por décadas, eliminó numerosos y costosos trámites en la legalización de documentos de empresas y personas.

Sortear la resistencia, del Ejecutivo y de otros ministerios, a la función de coordinar no es fácil. Las intromisiones externas por asesorías informales, sin transparencia, dieron pie entre otros factores al infausto episodio de Cúcuta, en la frontera venezolana, al proyecto de cerrar embajadas europeas de importancia para el Tratado con la Unión Europea, y otras gestiones fallidas al margen del ministerio. La diplomacia pública y las comunicaciones han fallado, lo confirman las oposiciones a la aprobación del TPP11 y el limitado aprecio a la gestión del canciller saliente en el retorno de decenas de miles de chilenos desamparados en el extranjero por el covid-19.

La pandemia agrega un cometido adicional a la coordinación por Cancillería: lograr el acceso temprano a la vacuna para prevenir el covid-19, sus paliativos, y la prioridad del ministro Allamand, del aporte a la reactivación económica mediante la red de tratados comerciales, que deberá agilizar con el despacho del TPP11, el acuerdo con Brasil y la culminación pronta de la negociación con la Unión Europea.

Correcta reafirmación le asigna el canciller a las relaciones con Argentina, maltrechas por la sistemática intromisión del Presidente Fernández en los asuntos internos nacionales y, más gravemente, por las repercusiones, para Chile, de su inaceptable patrocinio a la pretensión inoponible de modificar las Líneas de Base y la Delimitación Exterior de los Espacios Marítimos del país vecino en el Mar de la Zona Austral, que impactan sobre los derechos soberanos de Chile en la Antártica, en el mar, suelo y subsuelo, al sur del punto F establecido por el Tratado de Paz y Amistad de 1984. Este diferendo y el actual de las aguas del Silala requieren establecer pronto la Agencia para la Defensa Internacional de Chile, contemplada en la ley, pendiente por el Gobierno.

A las mencionadas prioridades, se suma un marco internacional en plena ebullición, en guerra fría, con economías devastadas, Estados Unidos distanciado de sus aliados y confrontacional con sus adversarios. En el medio, América Latina sin consensos mínimos para actuar en lo mundial, regional y lo vecinal, que debe merecer siempre la mayor atención

Me asiste el convencimiento y confianza que el canciller y la Cancillería cuentan con las capacidades para abordar los desafíos actuales y futuros de la política exterior de Chile. (El Mercurio)

Hernán Felipe Errázuriz

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