Bolsonaro, triunfo estremecedor para A. Latina, BRICS y G20

Bolsonaro, triunfo estremecedor para A. Latina, BRICS y G20

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La principal lectura que se puede hacer de las elecciones generales de Brasil es que el ciclo iniciado a mediados de los 80 con la restauración democrática, ha llegado a su fin. Quien gane en la segunda vuelta, le corresponderá iniciar el tránsito hacia algo desconocido, que, sin embargo, no sólo es relevante para Brasil, sino para los diversos escenarios internacionales donde el gigante sudamericano se mueve.

La historia ha querido que el protagonista de este cierre sea un partido ligado a los sectores más desposeídos del país y eso explica, a su vez,  las características de su contrapartida, Jair Bolsonaro, cuyas ideas-fuerza hacen pensar que está próximo al triunfo definitivo: poner término a la corrupción generalizada en las 150 empresas del Estado (y 40 ministerios), coto a la promiscuidad entre políticos y empresarios, enfrentar la violencia en las principales ciudades, así como reactivar la economía. El ambiente electoral indica un claro hartazgo con aquello que “roba, pero hace” (Adhemar rouba mas faz) reclamado para sí mismo en 1947 por Adhemar de Barros, gobernador de Sao Paulo; un dicho que posteriormente se popularizó en otros países.

Por cierto que el resultado de primera vuelta, tan desastroso para el Partido de los Trabajadores (PT), dejó consternados a vastos sectores latinoamericanos y del mundo, tanto de izquierda como también a muchos liberales, que no logran entender las razones del cataclismo.

Mirado históricamente, tal perplejidad no debería sorprender. Jamás ha habido algún cambio epocal que no conlleve una gran dosis de incertidumbre por el futuro y de congoja por lo que termina. Y en el caso del sistema brasileño de partidos -de su eje el PT en particular- aplican las letras del viejo tango de Alfredo Le Pera Cuesta Abajo (“la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”). Esa sensación poco edificante que ronda al PT, explica su derrumbe y el fin de un ciclo.

Algunas imágenes de la elección sirven para corroborar tales afirmaciones. Por ejemplo, la derrota estrepitosa de Dilma Rousseff, heredera de Lula, (que quedó cuarta en Minas Gerais y quedó fuera del Senado), la imposiblidad de armar una mesa de votación en la cárcel para que Lula sufragara por falta de interés de los reclusos, la resonante primera mayoría de Eduardo Bolsonaro (hijo de Jair) que obtuvo la más abultada cantidad de votos jamás alcanzada por un candidato a parlamentario en Brasil, y muchos otros ejemplos.

La victoria de Bolsonaro abre la atención hacia tres vectores que irradiarán hacia América Latina como parte del nuevo ciclo: el auge de nuevas fuerzas, como los evangélicos y los exmilitares, el muy probable colapso de mecanismos de integración cerrados como Mercosur y una gravitación brasileña de naturaleza distinta en organismos como BRICS y G20. Veamos.

En Brasil hay casi 43 millones de evangélicos, incluso han surgido iglesias propias como la Universal del Reino de Dios o la Asamblea de Dios, y que por años apoyaron a los candidatos del PT a cambio de beneficios fiscales. Eso se acabó y el grueso de estas iglesias apoya hoy a Bolsonaro por razones que van desde desde los llamados tema de familia hasta no querer involucrarse en los mensalao, lava jato y tantos otros casos de corrupción que afectan al PT. Incluso en el parlamento, los evangélicos forman una extraña bancada conocida como BBB (bala, buey y biblia), que da cuenta de sus motivaciones.

Por su lado, los exmilitares han descubierto las posibilidades del ejercicio democrático apoyando masivamente a su candidato favorito, con un discurso que añora la presencia militar en el palacio de Planalto y que, en vez de referirse a la irrupción castrense como golpe de estado, prefieren reivindicarla como “Movimiento del 64”. No es menor el dato que el candidato a vicepresidente sea el general Hamilton Mourao y que uno de los más cercanos a Bolsonaro sea el general Augusto Heleno que comandara las tropas de la ONU en Haití; Mourao y Heleno son muy populares en las filas castrenses en retiro y en activo. Además, Mourao es un fuerte partidario de cambiar la Constitución y darle más poderes al Presidente, “en casos de situaciones de anarquía”, lo que también le ha granjeado popularidad entre civiles. Si bien la fuerte actividad de los militares en los asuntos públicos en Brasil es histórica, o sea previa a 1964 (e inusual comparativamente con el resto de los países latinoamericanos), tras la puesta en vigencia de la Constitución de 1988 se observaba un repliege importante. F.H. Cardoso había logrado crear el Ministerio de Defensa y desde entonces siempre hubo a la cabeza un civil, a excepción del gobierno de Temer que designó a un general. La dupla Bolsonaro/Mourao ha demostrado que los militares pueden cohesionarse y actuar con éxito bajo las reglas de la democracia. Un hecho extremadamente significativo.

Luego, otro sector que resentirá el giro brasileño es Mercosur. Paulo Guedes, su ministro de Economía, un egresado de la Universidad de Chicago, se ha manifestado reticente a bloques cerrados y ha señalado que su intención es abrir la economía brasileña al mundo como la mejor manera de superar lo que llama el estado “disfuncional y monstruoso”, así como abordar los síntomas recesivos que tiene la economía  del país desde 2015 con expansiones insuficientes en torno al 1% anual. A  modo de ejemplo hay 7500 obras públicas empezadas pero paralizadas por corrupción o desorden administrativo siendo la central nuclear Angra 3 el caso más emblemático (iniciada en 1984 y tres veces retomada su reconstrucción; hoy paralizada por falta de recursos).

Por otro lado, Bolsonaro podría hacer su estreno en las grandes ligas internacionales el 30 de noviembre, cuando se realice en Buenos Aires la cumbre del G20 y llegue como presidente electo quizás acompañando a Michel Temer. Es difícil que quiera perderse una ocasión única para encontrarse con los principales líderes mundiales (y de paso con los mandatarios de Argentina, México y Chile) para transmitirles las nuevas prioridades que tendrá Brasil. Interesante resultará constatar además, que, salvo India, ninguno de los países BRICS tendrá en su próxima cumbre mandatarios que puedan ser considerados partidarios del liberalismo político. Se trata de un dato muy relevante acerca de cómo marcha el mundo y cuáles son los pilares del ciclo latinoamericano que despunta.

En síntesis, la segunda vuelta no es un mero formalismo, sino una lucha sin cuartel y que podría deparar alguna sorpresa, aunque un hipotético gobierno de Haddad tendría innumerables dificultades producto del ambiente reinante. Si triunfare deberá remozar por completo el PT, tarea nada fácil. Por lo mismo, es probable que su inmediata visita a Lula tras la derrota sea un indicio que su campaña de cara a la segunda vuelta podría ser más bien testimonial. Ello porque Bolsonaro está en inmejorables condiciones  para triunfar. Es el candidato que llega con más votos a la segunda vuelta desde hace tres décadas y sólo le faltan cuatro puntos. En el fragmentado escenario hay de sobra un espíritu anti Lula y anti PT. Por citar sólo uno, la Socialdemocracia obtuvo 4,8% y uno de sus rasgos centrales es la disputa acérrima con el PT. A eso debe añadirse el magnetismo propio de cada favorito así como aquellos que desencantados con la hecatombe vivida por el PT en primera vuelta, decidan jygar a ganador.

Pase lo que pase el 27 de octubre, los brasileños decidieron inaugurar un nuevo ciclo político y las repercusiones serán inmensas, especialmente en la región. (NP-El Mostrador)

Iván Witker

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