Beatriz Sánchez: más preguntas que respuestas

Beatriz Sánchez: más preguntas que respuestas

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La precandidata del Frente Amplio (FA), Beatriz Sánchez, quien se autodefine como “de izquierda democrática”, pero rehúye optar entre socialdemocracia o socialismo, ofreció recientemente una interesante entrevista a Radio Universidad de Chile en la que desplegó sus ideas y posturas sobre buena parte de los principios, valores, misión, visión y propuestas de un eventual Gobierno encabezado por ella y el conglomerado que la sustenta.

Destacan entre estos su perspectiva política de la Nueva Mayoría y de sus reformas, coalición a la que define “más bien de derecha”, al tiempo que sus cambios, como insuficientes, en la medida que la alianza oficialista -que incluye organizaciones como el PC, IC y MAS, que seguramente no coinciden con tal diagnostico- los habría llevado a cabo “sin convicción”, validando el modo de vida actual por años.

Aunque Sánchez esquiva respuestas específicas sobre un programa presidencial que, dice, se está redactando en equipo, define los grandes ejes de su posición y la del FA: una democracia más profunda y real, revolucionariamente democrática, participativa y no representativa; una democratización de la economía, un nuevo modelo de desarrollo que supere el actual, de concentración salvaje, llevándola a escala humana, en el que se reparta el poder económico y se supere la “mercantilización” (sic) de todos los aspectos de la vida; y derechos sociales universales, sacando el aspecto “mercantil” de la salud, educación, vivienda y otros.

Según Sánchez, un sistema como ese “no es radical”, sino “lo que pasa en buena parte del mundo” y su metodología para conseguirlo es “construir de otra manera”, a través “de la vía institucional, cambios legales, procedimentales”, “sobre lo que hay”, sin “tirar todo abajo”. Reconoce, empero, que es una estrategia difícil, porque “en Chile se ha instalado un sistema de vida que pareciera el único posible, lo que no es así”, llamando “a variar la dirección en la que vamos”, hacia un modelo “más amable”.

Estos grandes principios programáticos de Sánchez, empero, dejan más preguntas que respuestas. En efecto, una democracia “más profunda y real, participativa y no representativa”, importa un nuevo modelo institucional que reemplace, de algún modo, la estructura de poder representativo actual, no solo en el Ejecutivo, sino también en el Legislativo, con posibles efectos en el Judicial. ¿Se reemplaza la fórmula representativa de diputados y senadores? ¿Cómo? ¿con una estructura que, para ser realmente participativa, se sustenta en base local, conformada por asambleas de ciudadanos? y ¿cómo operan esas orgánicas? ¿Cómo se organizan las tareas ejecutivas nacionales desde estas asambleas locales para extender la participación? ¿Cómo se establece un poder Ejecutivo participativo? ¿Se transforman o eliminan Ministerios? ¿Se mantienen los municipios? o ¿Cómo se hacen más participativos? ¿se reorganizan para atender temas ambientales, de OO.PP., Economía, Hacienda, Energía, Minería, Mujer, etc? ¿Cómo se tramitan leyes y normativas? ¿Cómo se hace y aplica Justicia? ¿Una nueva judicatura? Y las decisiones locales, regionales, nacionales, ¿se llevan cada vez a decisión ciudadana? ¿La verdad será siempre un asunto de mayorías y no de ciencia o conocimiento?

Bien. Sánchez solo dice que “hay que construir de otro modo”, es decir, “partir desde lo que hay, sin tirar todo abajo”. Afirmar otra cosa es caricaturizar al Frente Amplio, que tampoco quiere ser definido políticamente de izquierda, centro o derecha. Pero la propuesta de Sánchez implica, de igual modo, una transición “institucional, con cambios legales y procedimentales” desde el actual modo de vida, al propuesto por ellos, lo que requiere de un largo período de convencimiento y renovación cultural, tal vez mucho más extenso que el que critican a la Nueva Mayoría, corriendo el riesgo que, con la edad, los ímpetus juveniles se deterioren, se reduzca la mono-amino oxidasa en la sangre de cada cual y el FA termine siendo una Nueva Mayoría 2.0.

En materia económica, por su parte, alega sobre la “concentración salvaje” a que ha inducido el modelo actual, hecho que, siendo indiscutible, tiene formas de aproximación diversas. Por de pronto, economía “a escala humana” ya la viven en Chile cerca de 800 mil micro, pequeñas y medianas empresas que dan trabajo a más del 75% de la fuerza ocupacional. Se trata de firmas familiares, esforzadas, creativas y supervivientes, en las que la suerte del propietario es muy parecida a la de sus colaboradores.

Está bien, ella y el FA hablan sólo de las grandes. Entonces, ¿habría que “humanizar” y “repartir el poder económico” de las cerca de 4 mil grandes compañías, habitualmente exportadoras, las únicas que compiten en el mundo con sus pares en términos de cierta igualdad productiva y eficiencia y permiten hacer realidad el circuito exportaciones-importaciones que ha mejorado la infraestructura tecnológica productiva y familiar como nunca antes? ¿Hay en la perspectiva del FA y Sánchez, una eventual “nacionalización” de aquellas para evitar la concentración salvaje en manos de privados? Y si la hubiera -porque hay diferencias al interior del FA, en especial con el Partido Liberal- ¿de dónde emanan los recursos para esas expropiaciones legales? ¿Y cuál sería el estatuto para las empresas medianas, que viven de proveer a las grandes? ¿las seguirán abasteciendo si éstas llegaran a ser nacional-estatales-ciudadanas? ¿Y las extranjeras, podrán seguir trayendo capitales y explotando las riquezas naturales o las expulsaremos, asumiendo el Estado esas tareas? ¿Habrá veto a la inversión de compañías de ciertos países? ¿Y los subsidios fiscales a la mano de obra seguirán vigentes, dado que ayudan al lucro de las empresas al abaratarle el costo del trabajo? ¿Y cómo se recaudarán los impuestos? ¿Cómo se discutirá, participativamente, el Presupuesto Nacional? ¿Se plebiscitarán sus prioridades? ¿Cómo se ordenarán participativamente la movilización colectiva, salud, educación? ¿Pueden los vecinos crear sus propios colegios o sistemas de salud para el barrio o comuna? ¿Pueden financiarlos? ¿Y las concesiones de OO.PP. mayores, como caminos, puertos, represas, las realizará el Estado para evitar el lucro de las concesionarias? ¿Los cotizantes de Isapres, transformadas en entidades sin fines de lucro -pues la salud es un derecho- pasarían a Fonasa? Y los de los AFP ¿a Cajas de Previsión? Y el CAE ¿se condonarían las deudas y el Estado le pagaría a la banca? ¿El Banco Central seguiría siendo autónomo o debería ponerse al servicio de Hacienda para emitir moneda sin respaldo productivo? ¿Cuál sería el techo de IPC aceptable para el FA y Sánchez? ¿Qué tipo de cambio? ¿Qué desocupación?

Y una vez “desmercantilizada” la relación en salud, educación, previsión o vivienda, que son derechos sociales universales, ¿Cómo se medirían los costos reales -sin lucro o ganancia- de cada una de esas transacciones para asignaciones más justas? ¿Cómo en Cuba, cuyo gobierno ha debido extender facturas a los usuarios para, al menos informarlos que “la salud es gratuita, pero cuesta”? Por lo demás, “mercantilismo” es precisamente lo contrario de lo que critican Sánchez y el FA del actual modelo, pues, de acuerdo a su definición clásica, es el conjunto de ideas políticas y económicas pragmáticas, desarrolladas entre los siglos XVI a la primera parte del XVIII en Europa, caracterizadas por una fuerte intervención del Estado en la economía, coincidente con el desarrollo del absolutismo monárquico. Es decir, un modelo en el cual el Estado (o el Rey) es quien define qué, cómo, cuánto, dónde y para quién producir -no la ciudadanía y el mercado-, un sistema más parecido a los socialismos del siglo XX, que a la economía de libre mercado que es, al parecer, la que Sánchez y FA quieren reprochar. Solo en su tercera acepción se entiende como “interés excesivo en conseguir ganancias en cosas que no deberían ser objeto de comercio”, pues antes, incluso, se le define como el “sistema económico en el cual los metales preciosos constituyen la riqueza esencial de los Estados”.

Llama finalmente la atención que Sánchez no le guste ser calificada de socialdemócrata, no obstante los muchos trazos de dicha posición expresados en sus declaraciones, porque, explica, son conceptos que la podrían alejar o acercar a la NM y que no corresponden a las ideas del FA, que superan esas añejas dicotomías del siglo pasado. Asimismo, además, que no milite en alguno de los partidos en formación que la proclamaron candidata. Su independencia se presenta inconsistente con su convicción de una sociedad más participativa, amable y comunitaria, que reivindique la política, al tiempo que debilita su discurso de mayor participación partidaria, prefiriendo una autonomía independentista que promueve un todavía inacabado modelo que, tal como ciertos programas, pueden sonar bien en titulares, pero en sus bajadas y materialización, terminan siendo regresivos.

Por fortuna, todo indica que, tanto Sánchez como el Frente Amplio, siendo jóvenes y entusiastas como son, tienen aún tiempo por delante, pues, en esta oportunidad, no llegarán a transformarse en Gobierno, para lo cual, como muchos de ellos reconocen, aún no están maduros y deben seguir “reuniendo fuerza política mayoritaria de largo plazo”.

En todo caso, parece interesante que un proyecto político busque la valorable recuperación de la soberanía de la política sobre ciertos aspectos de la economía pura y dura. De allí que, ojalá, en dicho periodo, la experiencia y reflexiones más profundas les permitan ir aclarando el complicado escenario de intereses, poderes en colisión y complejas redes de influencia nacionales y mundiales que componen el difícil entramado que buscan cambiar, sin mucha conciencia de la maraña que se desafía, y que, durante los próximos meses y años, seguramente, les traerá dolores de cabeza. Ojalá, porque si en lo sucesivo todo sigue siendo a punta de ímpetu y voluntarismo, como ha sido el caso en la reforma educacional, nada bueno augura. No habría nunca que olvidar que, como dicen los huasos viejos, “el diablo está en los detalles”. (NP)

Roberto Meza

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