B. Velasco: "Hace 20 años que Parque Pumalín está entregándose al Estado"

B. Velasco: "Hace 20 años que Parque Pumalín está entregándose al Estado"

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En la biblioteca de su oficina, Belisario Velasco encuentra el libro sin dificultad. Se llama En Ausencia de lo Sagrado y está escrito por Jerry Mander, uno de los ideólogos de la ecología profunda, describe Velasco. Editado en 1994, el prólogo está escrito por el estadounidense Douglas Tompkins, fallecido esta semana a los 72 años en las aguas del Lago General Carrera. El párrafo fue resaltado antes por la mano de Velasco. Escribió Tompkins: “Aquí en Chile he escuchado con frecuencia de labios de políticos, pensadores, sociólogos, incluso el Presidente de la República, expresar a través de entrevista de prensa que las consideraciones ambientalistas no pueden detener el desarrollo de la economía”.

Tompkins ya estaba ese año en Chile y Belisario Velasco era el subsecretario del interior. Ocupó el cargo desde 1990 hasta 1999, con Patricio Aylwin, primero, y con Eduardo Frei, después. Velasco y Tompkins fueron duros contradictores en ese tiempo. La autoridad lo enfrentó; Tompkins lo acusó de hostilizarlo. Velasco dice que actuó por instrucción del Presidente Frei, a quien de seguro Tompkins aludía en ese prólogo que cita el también ex ministro del Interior de Michelle Bachelet.

Velasco desclasifica la historia de los enfrentamientos. Todo partió así, según su relato: “Un día me llama el Presidente Eduardo Frei Ruiz Tagle y me dijo: ‘Belisario, tengo informaciones de algunas autoridades de la provincia de Aysén de que hay un señor de nacionalidad norteamericana que está comprando muchas tierras. Lleva sobre 150 mil hectáras y me han dicho que existiría presión sobre los colonos’”. Velasco asumió el encargo de averiguar. Volvió a la zona que conocía bien desde 1955, cuando, por encargo del presidente Carlos Ibáñez del Campo, viajó con otros dos veinteañeros a “chilenizar” la zona fronteriza con Argentina. En su regreso, Velasco escuchó a colonos que acusaban presiones para vender sus tierras y que les prohibían trasladarse por las propiedades de Tompkins. Cuando volvió, Frei le comentó su segunda inquietud. “Ma han dicho que este cabalero se opone a la construcción de la carretera austral”, le dijo Frei.

LAS REUNIONES

Velasco se reunió entonces con Tompkins. El empresario le contó su proyecto: crear un extenso terreno en Aysén y el lado argentino libre de contaminación, preservando los árboles nativos. Velasco le respondió con una ironía: esos árboles existían desde hacía miles de años y no habían requerido de Douglas Tompkins para crecer. El subsecretario  le reclamó que los colonos estaban quedando aislados. “Me dijo: si cortan árboles y van contra mi filosofía, yo tengo que defender mi proyecto”, cuenta Velasco. El empresario le precisó que estaba financiando su plan con dinero propio proveniente de la venta de sus firmas -The North Face y Spirit-y que su objetivo era donar el Parque Pumalín, entonces en creación, a Chile. “La cuestión sigue en gerundio: Pumalín no se ha entregado al Estado chileno. Hace 20 años que está entregándose, pero entregada, no”, reflexiona hoy el ex subsecretario. Ambos se reunieron una segunda vez, a petición de un amigo, dice Velasco, que hoy es senador. Trataron lo mismo. Se dijeron lo mismo.

NADA PERSONAL

Al día siguiente de la muerte de Tompkins, Velasco recordó en radio Cooperativa  la presión del ecologista a los colonos. El abogado de Tompkins, Pedro Pablo Gutiérrez, le respondió con fuerza. Dijo que sus palabras eran una canallada. Velasco dispara de vuelta: “El abogado perdió una buena oportunidad de quedarse callado: no tiene necesidad de insultar para desmentir. Desmienta a los colonos que fueron expulsados”, afirma.

Velasco lamenta la muerte de Tompkins y le extiende condolencias a su familia. “Yo no tenía nada personal contra él. Yo recibí una instrucción del Presidente Frei y como subsecretario representaba al Estado chileno”. Pero no cambiará su opinión sobre él. Dice que hay que reconocer su aporte a la preservación y que hizo contribuciones a Chile. Pero marca su diferencia: “Yo soy partidario de la naturaleza, de preservarla, pero creo que por sobre la naturaleza está el ser humano”. De hecho, recuerda su propio aporte, a otra escala. En 2014, compró junto a otras 27 personas 7 hectáreas de dunas en Cachagua para conservación. Velasco asegura que ese proyecto lo inició en 1991. “La conciencia ecológica en Chile no es monopolio de nadie”, afirma.

NO PERSEGUÍ A TOMPKINS

Velasco investigó todas las aristas de la inversión de Tompkins. Uno, le llamó la atención que contratara a dos funcionarios de Bienes Nacionales de Aysén. Dos, afirma que obtuvo beneficios tributarios en California, de donde Tompkins traía sus dineros, por su inversión ecológica. Tres, que para entrar los fondos a Chile firmó un contrato de inversión extranjera en el que se comprometía a comercializar madera. Antes le reprochó que cortara árboles para construir una pista de aterrizaje y le impidiera a los colonos hacer lo mismo.  Y que transitara en avioneta entre Chile y Argentina saltándose Aduanas y la Policía de Investigaciones. También le sugirió sacar visa permanente en lugar de tener visa de turista. Para Tompkins y sus cercanos, todo ello fue hostigamiento. “Yo no perseguí al señor Tompkins”, dice Velasco. “Traté de proteger el trabajo de muchos gobiernos para poblar  regiones alejadas con colonos chilenos y que el país pudiera cumplir su derecho de construir la carretera austral. Si eso es hostigar, alguien podría decir: ‘lo hostigó’. Pero no lo veo así”.

SAN IGNACIO DE HUINAY

En su última entrevista, a revista Paula, Douglas Tompkins apuntó al ex presidente Frei. Dijo: “Él sí que fue nuestro enemigo. Incluso intervino en negocios entre privados. Hizo que la Universidad Católica de Valparaíso rechazara nuestra oferta por el fundo Huinay y se lo vendiera a Endesa”.

Velasco aclara que fue el quien conversó con el entonces rector Bernardo Donoso, pero que no contactó a la universidad con potenciales compradores. La casa de estudios, recuerda Velasco, era dueña del fundo San Ignacio de Huinay, con 34 mil hectáreas que iban desde el límite con Argentina hasta el mar. “El señor Tompkins quería comprar eso a la Católica. La universidad necesitaba la plata, me dijo Bernardo. ‘Bueno, búscate otro comprador’, le dije. Vamos a quebrar el país en dos”, relata. “Me alegré, lo digo honestamente, que otra empresa, que no se oponía a la construcción de la carretera Austral, comprara eso”, agrega. ¿Se reunió Frei con Tompkins alguna vez? “Que yo sepa, nunca. Y creo que hubiera sabido. Para eso estaba yo. Yo era el subsecretario del interior, no era el jefe de un movimiento familiar cristiano”.

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