Amor por la libertad-Stéphanie Alenda

Amor por la libertad-Stéphanie Alenda

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Casi cuatro millones de personas salieron a las calles en Francia con lápices en las manos. Junto a ellas, 50 líderes mundiales. En otras capitales de Europa, e incluso en Washington, también marcharon. Eso sin contar las innumerables manifestaciones de solidaridad en las redes sociales.

En palabras del Presidente François Hollande, estas manifestaciones fueron un grito de “amor por la libertad y la tolerancia”.

El ataque terrorista ocurrido en Francia fue un atentado contra los valores de una sociedad, plasmados en la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano de 1789: la libertad de pensamiento y la expresión individual, y la libertad de prensa (artículos 10 y 11). Puso en entredicho sus cimientos culturales, convertidos en Patrimonio de la Humanidad y de las democracias occidentales. De ahí el rechazo mayúsculo a la violencia inusitada.

El atentado socavó además los cimientos políticos de una sociedad, pues el asesinato metódico de periodistas por haber publicado caricaturas de Mahoma reintrodujo el delito de blasfemia, abolido en 1789, mientras la ejecución de los policías atentó contra las leyes que resguardan las libertades de la República.

También puso al descubierto los mecanismos y las consecuencias dramáticas de la escalada de los extremismos. En países europeos, donde la crisis económica y los flujos migratorios exacerban las inseguridades culturales, es de suponer que este atentado alimentará una islamofobia creciente, fruto de actos terroristas previos, pero que nace también al calor de litigios culturales más cotidianos: existencia de tribunales islámicos que aplican la sharía (ley islámica) en Gran Bretaña, conflictos en torno al uso del velo islámico en Francia pese a su prohibición en espacios públicos o solicitud de supresión de la carne de cerdo en cafeterías escolares hecha por padres musulmanes, entre otros.

En un contexto en que las tentaciones de xenofobia son fuertes, uno de los pasos para combatir los extremismos radica en saber distinguir entre los miedos hacia el islam, fácilmente manipulables, y el odio hacia el islam, que desemboca también en una política del terror. Otro paso necesario es precaverse de la amalgama entre musulmanes y terroristas.

 

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