Algo más sobre neoliberalismo

Algo más sobre neoliberalismo

Compartir

Interesantes, oportunos, encontrados, nada banales, todo eso puede decirse de los debates sobre liberalismo publicados por este diario en el curso del último tiempo. Debates que se han producido también en el Centro de Estudios Públicos, en el Foro de Altos Estudios Sociales Valparaíso, y en reseñas y críticas de libros y artículos recientes de Lucía Santa Cruz, Álvaro Fischer, Axel Kaiser y José Joaquín Brunner. Este columnista de provincia ha tratado de aportar también lo suyo con el libro “¿Es usted liberal? Yo sí, pero…”, de 2012, y con uno reciente sobre John Stuart Mill, el principal pensador liberal del siglo XIX. Nicanor Parra solía preguntarse si acaso uno no toca el piano, ¿quién va a tocarlo por uno?, y me apego entonces a su buena compañía para excusarme por esa referencia a dos textos propios.

Mi planteamiento ha sido que lo que existe hoy en el planeta es un capitalismo neoliberal hegemónico, es decir, un sistema económico (el capitalismo) reforzado por una doctrina que es mucho más que económica (el neoliberalismo), aunque hay que cuidarse de simplificar las cosas, de presentar como único y compacto lo que en realidad es variado y disperso. Si lo que hay son capitalismos, así, en plural, también hay liberalismos, otra vez en plural, uno de los cuales es el neoliberalismo, que es el que hoy la lleva, de manera que siempre es del caso preguntar qué capitalismo, qué liberalismo, e incluso cuál neoliberalismo.

Respecto del neoliberalismo nuestros debates han hecho un progreso: se empieza a admitir que existe esa versión o aplicación del liberalismo y que no se trata solo de una mala palabra con la que descalificar las ideas liberales en general. Un gran fallo de Mario Vargas Llosa en su última visita a Chile, una visita más política que literaria (está en su derecho), fue la negación del neoliberalismo (dijo no saber qué era eso) y su afirmación de que aquella palabra es solo un mote que se deja caer sobre todo aquello que no nos gusta de las sociedades de nuestro tiempo.

Lejos de eso, el neoliberalismo es una doctrina de raíz liberal que tiene fecha y lugar de nacimiento, planteamientos bien precisos y un elenco de destacados pensadores y gobernantes que adscriben a esos planteamientos. Todavía más, prácticas neoliberales han sido acogidas incluso por gobiernos de centroizquierda, lo cual no es sino otra prueba de la expansión y éxito de la doctrina. Algunos partidarios de la socialdemocracia o del socialcristianismo han terminado por sucumbir ante dichas prácticas, a veces por oportunismo, a veces por resignación ante la dirección que llevan los vientos, a veces por conformismo, y en ocasiones porque, si bien no lo reconocen abiertamente, han terminado por simpatizar con no pocos de los criterios neoliberales para la conducción política y económica de los países. El sentido común neoliberal se ha instalado sobre nosotros como una nube -tóxica, denunciarán algunos; bienaventurada, celebrarán otros-, pero de lo que no cabe dudar es de que está allí, dejando caer su persistente llovizna sobre la cabeza de todos.

Mi preferencia es por otra de las versiones del liberalismo -el liberalismo social-, y cuando me declaro liberal tengo que aclarar que soy eso y no neoliberal. Lo mismo, cada vez que muestro simpatía por el socialismo tengo que agregar que no por ello apoyé los así llamados socialismos reales. Para un liberal no neoliberal, el neoliberalismo ha dañado a la doctrina liberal al reducir esta al neoliberalismo, que es solo una versión de ella; para un socialista no marxista, los socialismos reales dañaron a la doctrina socialista al confundir el socialismo con la peor y más inaceptable de sus versiones.

Fíjense ustedes lo que la prensa hace por este tipo de debates. Recuerdo que en este diario la discusión sobre liberalismo empezó en febrero de este año, cuando todos deberíamos haber estado pensando en otras cosas, y comenzó no en este espacio, sino en la sección “Cartas al Director”, que es aquella en la que se publican los breves editoriales que escriben los lectores.

En Chile necesitamos mayor conversación y contraste de opiniones más allá de las cuñas que permiten los tiempos implacables de la radio y la televisión. Conversación sobre el liberalismo, desde luego, y sobre aquel de sus rostros, el neoliberalismo, que es el que hoy tiene mayor aceptación y que, sin embargo, rehúsa a veces presentarse con ese nombre. (El Mercurio)

Agustín Squella

Dejar una respuesta