Fraudes y mentiras

No es equivalente una asociación ilícita para defraudar al Estado en concursos de obras públicas a maquillar las cuentas fiscales para tapar el déficit, o que una ministra de Obama use un servidor privado para sus comunicaciones oficiales y mienta descaradamente sobre el asunto.

Entre el impeachment que enfrenta Dilma Rousseff, acusada de crímenes de responsabilidad fiscal; la polémica que tiene a Hillary Clinton en el disparadero en medio de una complicada campaña electoral, y las imputaciones contra Cristina Fernández, ya sentada en el banquillo, creo que hay abismantes diferencias, pero todos esos comportamientos son igualmente inaceptables en la actividad pública, en una época en que en ningún lugar del mundo (salvo Cuba o alguna otra dictadura) esas acciones quedan impunes.

Hillary, Cristina y Dilma no son las únicas apuntadas con el dedo (Lula es otro caso emblemático), pero sí las más visibles, las que reciben toda la cobertura mediática, en parte porque son mujeres que lograron llegar a la primera línea, en parte por las esperanzas defraudadas de que, desde sus cargos, podrían hacer una diferencia, pero también porque son el espejo en el que se miran otros en la misma situación. Está lleno de políticos en todas partes, y no se escapa Chile, en circunstancias parecidas, y si las cosas funcionan bien, rendirán cuentas ante la justicia y sus electores.

Hoy lunes, Dilma dará su testimonio ante el Senado, y mañana comienza el debate general, antes de la votación. Las apuestas están por la caída de Dilma, y ella se aferrará a su argumento de que esto es un “golpe de Estado”, provocado por quienes no querían que se continuara con las investigaciones en el caso Petrobras y el financiamiento de la política. Quizás parezca injusto que Dilma caiga por haber “maquillado las cuentas públicas”, algo que, asegura, todos los gobiernos han hecho, como si eso fuera una atenuante. Puede que sea un pretexto de sus opositores para sacarla del cargo por esa vía, donde es más fácil demostrar su responsabilidad que en el esquema de corrupción de Petrobras, el verdadero escándalo político brasileño, y del que por ahora ella se ha librado.

Sea por acción u omisión, pocos creen que Dilma esté totalmente al margen del desvío millonario de fondos de la petrolera, siendo quien dirigía el directorio de la empresa. Pero ese será otro capítulo de esta teleserie brasileña.

A Cristina Kirchner los jueces y fiscales argentinos le pisan los talones. Y por más que ella denuncie una persecución política, hay demasiadas evidencias que la incriminan.

Mientras, a Hillary le seguirán destapando e-mails y, más complicado, hurgando en las donaciones a la Fundación Clinton para demostrar posibles conflictos de intereses. Si gana en noviembre, y aparecen datos incriminatorios, el caso podría reventar espectacularmente. ¿Otro impeachment a un miembro de la familia Clinton en el horizonte?

Por ahora estamos a la espera del que se le sigue a Dilma.

 

El Mercurio/Emol

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