2 mil mill. de bolsas plásticas menos en primer año de vigencia...

2 mil mill. de bolsas plásticas menos en primer año de vigencia de la ley

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Miles de toneladas menos de plástico, cambios de hábitos en los consumidores y nuevos envases sustitutos. La ley que prohibió las bolsas plásticas cumple el 3 de agosto un año. Primero limitó a un máximo de dos unidades la entrega de bolsas a los clientes en supermercados y grandes tiendas; luego, hace seis meses, las eliminó por completo. En agosto de 2020, la prohibición se extenderá al pequeño comercio.

La prohibición de este tipo de bolsas tenía un objetivo ecológico: como eran gratuitas y tenían poco gramaje, existía una alta probabilidad de que terminaran en el mar. “Una parte muy pequeña se reciclaba, otra se iba a los vertederos vía la gestión de residuos, pero la mayor cantidad terminaba en el ambiente y ahí es donde está el mayor impacto. Nos hemos dado cuenta que el mar se transformó en el basurero de la humanidad”, explica el director de GreenLab UC, Luis Cifuentes.

Es muy difícil saber de forma confiable cuántas bolsas en Chile terminaban en los océanos, pero hay algunos indicios. Todos los años la Dirección General del Territorio Marítimo y de Marina Mercante (Directemar) levanta estadísticas sobre limpieza de playas. El año pasado la Directemar convocó a 14.106 voluntarios, limpió 123 playas y recolectó 171.840 kilos de desechos. Los tres residuos que encabezan el listado son: 72.255 kilos de colillas, 24.186 kilos de trozos de plásticos —donde están incluidas, sin desagregar, las bolsas— y 23.422 trozos de vidrio.

“Es una ley ampliamente valorada por la ciudadanía y que posiciona a Chile como el primer país de América Latina en materializarla”, dice la ministra del Medio Ambiente, Carolina Schmidt, quien agrega que con esto se “permitió generar conciencia sobre la importancia de cuidar el medioambiente”.

El gobierno estima, basado en cifras de la Asociación de Industriales del Plástico (Asipla), que antes de la ley Chile producía 3.400 millones de bolsas al año. El Centro de Envases y Embalaje de Chile (Cenem) dice que esa cifra correspondía solo a supermercados y que al agregar las tiendas del retail el total subía a 5.500 millones de bolsas al año.

Schmidt calcula que gracias a la ley, desde agosto del año pasado “se ha reducido la entrega de bolsas en más de 2.000 millones”. El Cenem aporta otras cifras que ilustran el beneficio del cambio: las bolsas camiseta han bajado de 32.300 toneladas a 5.000 toneladas al año, cifra que en 2020 tenderá a cero.

“Lo más positivo es que cambió el switch de mirar la bolsa como un desecho, como algo que pasa y se va, a algo que tiene valor y que se va a cuidar más. El problema de la contaminación y el excesivo uso de recursos es que uno no ve esos problemas. Con esto, ya se tiene una conciencia de que produce efectos nocivos para el medio ambiente”, dice el ingeniero Luis Cifuentes.

LOS OTROS EFECTOS

Sacar las bolsas plásticas del comercio provocó varios reajustes en el mercado. Las cadenas de supermercados prefieren no detallar los efectos en su negocio, pero admiten en privado que las ventas promedio ha bajado -los clientes adquieren lo que pueden transportar, han migrado al comercio electrónico y redujeron las compras impulsivas-, pero también disminuyeron sus costos en bolsas que tenían un valor promedio cercano a $ 10.

El mayor efecto se ha situado en los fabricantes de sustitutos. Varios productores de bolsas plásticas cerraron o se reconvirtieron y los productores de bolsas de basura han visto crecer su negocio entre 30% y 40%.. También entraron con fuerza al mercado las bolsas de papel.

Los efectos medioambientales de los sustitutos ha dado lugar a otra discusión.

Por ejemplo, el ingeniero del Dictuc César Sáez plantea que “en términos medios, es peor una bolsa de papel que una bolsa de plástico”. Sáez ha analizado químicamente varias de estas bolsas y explica el fenómeno: “El papel, al reciclarse, acumula metales y hemos encontrado altas concentraciones de magnesio y de otros metales que son perjudiciales en cierta forma de disposición inadecuada en el ambiente”. El ingeniero ha encontrado bolsas de papel con “muy baja degradabilidad” e incluso con “biotoxicidad”.

Con la ley en marcha, aparecieron los primeros vacíos. La norma prohíbe las bolsas plásticas que contienen como “componente fundamental un polímero que se produce a partir del petróleo”. Walmart comenzó a vender bolsas reutilizables de plástico en base a polietileno que se obtiene de caña de azúcar. Desde la organización ambientalista Océana comentan que estos “bioplásticos se comportan como un plástico convencional” y dicen que, por motivos como este, “existe gran confusión y desconocimiento por parte de los consumidores sobre qué alternativas son realmente más favorables que los plásticos convencionales”.

Hace algunos meses, Walmart defendió su opción asegurando que estaban cumpliendo con “todos los requisitos legales” y que se trata de un plástico “fabricado de fuentes renovables”.

Sáez trató de alertar este punto en la tramitación legislativa. “Advertimos que por la ausencia de estas bolsas que son derivadas del petróleo iban a entrar materiales que podían ser más perjudiciales todavía y crear un efecto negativo”, concluye.

El otro sustituto son las bolsas importadas de TNT (textil no tejido). Pese a que su diseño permite utilizarlas muchas veces, “no cuenta con el flujo de vida cerrado”. Si se rompen, no hay nada que hacer con ellas, ya que no se reciclan en Chile.


DIRECTEMAR LIMPIÓ 123 PLAYAS Y RECOLECTÓ 171.840 KILOS DE DESECHOS. LOS TRES RESIDUOS QUE ENCABEZAN EL LISTADO SON: 72.255 KILOS DE COLILLAS, 24.186 KILOS DE TROZOS DE PLÁSTICOS —DONDE ESTÁN INCLUIDAS, SIN DESAGREGAR, LAS BOLSAS— Y 23.422 TROZOS DE VIDRIO.

¿Se cambió un tipo de bolsa por otras peores? No hay manera de responder con certeza esa pregunta. La única forma es hacer un análisis de ciclo de vida para cada uno de los productos, midiendo la huella de carbono que se genera en la producción, distribución, comercialización, uso del producto y el fin de vida. En el gobierno responden que no se han hecho estos análisis para las bolsas que entraron al mercado tras la ley, que son mediciones caras y que les corresponde a los privados elaborarlas.

Otra de las dificultades es que en Chile no existen certificaciones que permitan dar garantías de que se trata de productos con baja huella de carbono o con manejo sustentable de recursos. En Medio Ambiente detallan que no hay “laboratorios ni entes certificadores” con la capacidad para asumir esta labor. Todas las certificaciones internacionales “no son homologables” y no tienen validez en las normas chilenas que fija el Instituto Nacional de Normalización. El ministerio lo sabe y ya está trabajando en un Acuerdo de Producción Limpia para crear un ecoetiquetado que siga la misma lógica que los sellos negros de los alimentos.

Pese a que el gobierno está consciente de que se trata de una ley que es perfectible, y la industria del plástico espera ajustes, por el momento no tiene contemplado corregir sus puntos débiles. Ante las críticas, aseguran que sería un error evaluar la ley de bolsas plásticas de forma aislada, ya que es el primer paso de una política más grande para “instalar la economía circular”.

En paralelo, están trabajando en el reglamento de envases y embalajes de la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor y Fomento al Reciclaje (REP). Esta iniciativa reglamenta seis materiales, entre ellos los envases y embalajes, que abarcan los plásticos. La idea de la ley es entregarle la responsabilidad a las grandes marcas de hacerse cargo de organizar y financiar la gestión de todos sus productos de envases después de que hayan terminado su vida útil. Esto significa que estarán obligados a recolectar y valorizar según metas progresivas que incluyen altas multas en caso de que no se cumplan.

La ministra Schmidt explica que las metas “permitirán al país pasar del actual 12,5% de reciclaje de envases y embalajes domiciliarios a un 60% al 2030, equivalente a los niveles alcanzados por países desarrollados”. El anteproyecto del decreto establece metas específicas para cada material: Cartón para líquidos (60%), metal (55%), papel y cartón (70%), plásticos (45%) y vidrio (65%). Para los residuos de envases y embalajes industriales, la obligación será de un 70%.

La idea es que las marcas se agrupen en sistemas de gestión y todo con costo para el privado. La ley marco se publicó en junio de 2016, cada material se regulariza vía reglamento y el de los envases y embalajes se encuentra en etapa de consulta pública.

A esta ley, se suma la Estrategia del plástico que pretende concientizar en los plásticos de un solo uso (como bombillas, cubiertos, etc.), un Acuerdo de Producción Limpia para crear un ecoetiquetado y la Hoja de Ruta de Economía Circular que el MMA lanzará en la COP25.

“Si bien nos encontramos en pleno proceso de desarrollo, nos pusimos metas desafiantes: que al menos el 65% de los residuos domiciliarios que se generan en el país sean reciclados al 2040 y que, para ese mismo año, sólo el 10% de los residuos vaya a un relleno sanitario”, cierra la ministra. (La Tercera)

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